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viernes, 22 de noviembre de 2013

Zico, el Pelé blanco




Hoy es fácil seguir a un jugador, basta con encender alguna de las señales de deportes y podemos seguir el juego de Gotze, Dzeko, y tantos jugadores que no se ni como se escriben, y ni hablar de las megaestrellas extranjeras como Cristiano Ronaldo, Ibraimovich, Drogba, y miles de etcs. más. 
Pero cuando era chico apenas escasos minutos en algún programa deportivo, por resúmenes, o bien la llegada de los mundiales de fútbol me resultaban suficientes para descubrir nuevas estrellas del baón. El Mundial 82, realizado en España, fue el primero que pude ver más detenidamente. Con los ojos de un niño de 9 años miraba los horrores de una guerra y el placer del fútbol.
Obviamente alentaba por Argentina que contaba con destacadísimos jugadores de la talla de Maradona, Kempes, Fillol, Passarella (ya le dedicaré una nota a este crápula), Ardiles y tantos más. Sin embargo fui descubriendo nuevos ídolos como Dassaev, tremendo arquero de la URSS, Rummenigge de Alemania Federal (para los más chicos les aclaro, por esos años Alemania estaba dividida en dos), Paolo Rossi, el afortunado goleador. Entre tantas figuras me llenaba de belleza futbolística la selección de Brasil, que en sus filas contaba con jugadorazos de la talla de Junior, Eder, Sócrates, Falcao (el original), Toninho Cerezo... Y además mi homenajeado en esta nota, Zico.
Los detallistas dirán que su verdadero nombre era Arthur Antunes Coimbra, jugador del Flamengo de Rio de Janeiro, conocido como el "Pele Blanco" o "El Galinho de Quintino". Un jugador exquisito, tenía gambeta en velocidad, muy buena pegada, ajustados pases, muy buen juego de equipo, un jugador completo, atrevido y ofensivo. Tenía el arco entre cejas... y si podía gambetear medio equipo mejor. 
Debutó en Flamengo en 1972, club en el que jugó en forma exclusiva en Brasil. Además de ganar los torneos estaduales y nacionales, ganó la Copa Libertadores (antes no se llamaba Toyota, ni Santander, ni Juan Pelotas...) y la Copa Intercontinental de 1981. 
En 1983 pasó al fútbol italiano, más precisamente al Udinese, donde jugó las temporadas 83/84 y 84/85, teniendo en su primera temporada sus mejores scores. A mediados del 85 volvió al club de sus amores, el Flamengo, pero los años y las lesiones hicieron mella en este talentosísimo jugador, evitando así verlo en su máximo esplendor. En el año 1991 jugó en la incipiente liga japonesa, en el Kashima Antlers con buenos resultados. En su selección, en cambio, perteneció a una camada de excelentes jugadores que, sin embargo, no consiguieron ningún logro, toda una pena.
Para las estadísticas podemos decir que jugó 689 partidos, convirtió 474 goles, ganó 4 campeonatos nacionales, 7 estatales, 1 Copa Libertadores y 1 Copa Intercontinental, fue distinguido como el mejor jugador sudamericano varias veces y el mejor jugador mundial una vez. Pero, para mi, el mayor logro fue llenarme mis ojitos de niño con el más maravilloso fútbol.

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