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sábado, 23 de noviembre de 2013

Banda de amigos




Les pido que no me juzguen, hoy les escribo con el corazón. Con el corazón de padre, con el corazón de niño que fui, con lágrimas en mis ojos, sin ningún tipo de objetividad, con la obsecuencia que puede sentir un padre sobre el hijo. No me juzguen, soy humano... Pero mejor, amigos, hablemos de fútbol.
Este año mi hijo Tiago estaba empezando el último año del papi fútbol infantil, cuando una tarde se apareció con la "noticia" que iba a probarse en una escuela de fútbol en el club FF.CC. Mitre. La diferencia era que en lugar de jugar en pequeñas canchas lo haría en campos de 11 jugadores.
Allí fue recibido por Jorge Romero, alma mater del la escuela que lleva su nombre, lo miró, le dio varias indicaciones y lo incorporó formalmente. Junto a Tiago fueron llegando además varios chicos que se sumaban a los que ya se desempeñaban en la escuela, sumaron prácticas tras prácticas, sufrieron la deserción de varios chicos importantísimos, y se prepararon para competir en el campeonato de LIDE - Vicente López que nuclea varios clubes y escuelas importantes, entre ellas River Plate.
El comienzo no fue muy auspicioso, los primeros partidos sumaron sucesivos empates sin goles y con escasas llegadas, una dura derrota contra Harrod's y las ideas que practicaban en la semana no aparecían luego en los partidos. Sin embargo debo reconocerle como mérito a Jorge Romero seguir pregonando el buen fútbol, el toque por el suelo, el cuidado celoso del balón y el intento permanente de jugar en forma ofensiva. Ese trabajo hizo que poco a poco aparezcan los resultados positivos y el buen juego, pero lo más admirable fue que, poco a poco, se fue consolidando un grupo homogeneo, compacto, donde todos eran uno, cada indidualidad era un engranaje que encajaba perfecto en una máquina llamada equipo.
La victoria sobre Harrod's (uno de los punteros y que en el partido de ida vapuleó al equipo de Romero) en la segunda rueda por 3 a 2 fue el click que necesitaron para encenderse, como si se hubieran dado cuenta o se hubieran convencido que podían y que sabían jugar bien. Victorias sobre SITAS, Centro Galicia, Macabi e Italiano, exhibiendo un juego atildado, con buen toque. En los últimos partidos incluso fueron mejorando los que habitualmente no eran titulares y en cada partido van pidiendo pista. Falta pulir muchos detalle, pero para el grupo de padres que seguimos a nuestros hijos el futuro es muy alentador. Jugadores como Fede, Laucha, el incansable Pulpo, una sólida defensa integrada por Camilo, Tiago, Juani, y Tommi (un gran luchador contenido en un frasco pequeño) y un arquero que día a día suma experiencia y habilidad como Gastón. El resto de los chicos también suman en sus posiciones, incluso, cuando se produce un cambio de jugador en el partido no se resiente el nivel de juego. Todos suman, todos tiran para el mismo lado.
Haciendo un balance debo destacar una serie de cosas: en primer lugar destaco el grupo humano que se formó, una auténtica banda de amigos que trasladan esa amistad también a sus eventos sociales. verlos a las 7 de la mañana en la puerta de club haciéndose bromas, riendo, saltando, todos abrazados, todos amigos, todos tirando para el mismo lado, sin vedetismos ni estrellas. De eso son responsables el técnico que pide juntar a los chicos en la puerta del club y viajar juntos en micro cuando juega de visitantes, pero también son responsables los padres de los chicos que, lejos de aportar polémicas y discusiones, siguen y alientan a los chicos en forma incondicional. Esta comprobado que para formar un buen grupo humano es necesario que esté integrado por buenas personas, y estos chicos vienen de buena madera. Después se podrá jugar bien, regular o mal, se podrá ganar, empatar o perder, pero siempre ante todo buenas personas como individuo y como grupo.
Otra cosa destacable es el trabajo de Jorge Romero con los chicos, haciendo su enseñanza en forma pedagógica, predicando el buen juego pero también la amistad entre los chicos, y lo hizo aún ante las situaciones más adversas, cuando los resultados no se daban y aún no había prendido ese estilo exquisito de juego que enseñaba a los chicos. En la escuelita se desarrollaron valores como compañerismo y fraternidad, valores que busco y fomento para mi hijo.
Ah!!! Y no debo olvidarme de Marcelo Carrizo, que con sus consejos enrriquece el trabajo sobre los chicos. Ellos, con un enorme respeto bien ganado, lo escuchan.
En cuanto a mi hijo Tiago debo decir que supero mi capacidad de asombro. Con tenacidad fue a cada práctica, escuchó cada consejo, cada indicación para sumarlo a su juego y enriquecerlo. Se fue a probar de delantero (posición que venía desarrollando en el papi fútbol), el técnico le vio condiciones para jugar por el medio, pero las urgencias lo obligaron a ser un improvisado 6 que poco a poco fue ganando en aplomo y calidad. A él, mis amigos, no le gusta el puesto, le gusta más estar cerca del arco contrario. Sin embargo toda la experiencia ganada le servirá el próximo año si el técnico decide adelantarlo al medio.
Debo decir que la apuesta al cambio de mi hijo fue ganada con creces y verlo desarrollar la actividad con pasión y dedicación me llena de mucho orgullo.

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