Les pido que no me juzguen, hoy les escribo con el corazón. Con el corazón de padre, con el corazón de niño que fui, con lágrimas en mis ojos, sin ningún tipo de objetividad, con la obsecuencia que puede sentir un padre sobre el hijo. No me juzguen, soy humano... Pero mejor, amigos, hablemos de fútbol.
Este año mi hijo Tiago estaba empezando el último año del papi fútbol infantil, cuando una tarde se apareció con la "noticia" que iba a probarse en una escuela de fútbol en el club FF.CC. Mitre. La diferencia era que en lugar de jugar en pequeñas canchas lo haría en campos de 11 jugadores.
Allí fue recibido por Jorge Romero, alma mater del la escuela que lleva su nombre, lo miró, le dio varias indicaciones y lo incorporó formalmente. Junto a Tiago fueron llegando además varios chicos que se sumaban a los que ya se desempeñaban en la escuela, sumaron prácticas tras prácticas, sufrieron la deserción de varios chicos importantísimos, y se prepararon para competir en el campeonato de LIDE - Vicente López que nuclea varios clubes y escuelas importantes, entre ellas River Plate.
El comienzo no fue muy auspicioso, los primeros partidos sumaron sucesivos empates sin goles y con escasas llegadas, una dura derrota contra Harrod's y las ideas que practicaban en la semana no aparecían luego en los partidos. Sin embargo debo reconocerle como mérito a Jorge Romero seguir pregonando el buen fútbol, el toque por el suelo, el cuidado celoso del balón y el intento permanente de jugar en forma ofensiva. Ese trabajo hizo que poco a poco aparezcan los resultados positivos y el buen juego, pero lo más admirable fue que, poco a poco, se fue consolidando un grupo homogeneo, compacto, donde todos eran uno, cada indidualidad era un engranaje que encajaba perfecto en una máquina llamada equipo.
La victoria sobre Harrod's (uno de los punteros y que en el partido de ida vapuleó al equipo de Romero) en la segunda rueda por 3 a 2 fue el click que necesitaron para encenderse, como si se hubieran dado cuenta o se hubieran convencido que podían y que sabían jugar bien. Victorias sobre SITAS, Centro Galicia, Macabi e Italiano, exhibiendo un juego atildado, con buen toque. En los últimos partidos incluso fueron mejorando los que habitualmente no eran titulares y en cada partido van pidiendo pista. Falta pulir muchos detalle, pero para el grupo de padres que seguimos a nuestros hijos el futuro es muy alentador. Jugadores como Fede, Laucha, el incansable Pulpo, una sólida defensa integrada por Camilo, Tiago, Juani, y Tommi (un gran luchador contenido en un frasco pequeño) y un arquero que día a día suma experiencia y habilidad como Gastón. El resto de los chicos también suman en sus posiciones, incluso, cuando se produce un cambio de jugador en el partido no se resiente el nivel de juego. Todos suman, todos tiran para el mismo lado.
Haciendo un balance debo destacar una serie de cosas: en primer lugar destaco el grupo humano que se formó, una auténtica banda de amigos que trasladan esa amistad también a sus eventos sociales. verlos a las 7 de la mañana en la puerta de club haciéndose bromas, riendo, saltando, todos abrazados, todos amigos, todos tirando para el mismo lado, sin vedetismos ni estrellas. De eso son responsables el técnico que pide juntar a los chicos en la puerta del club y viajar juntos en micro cuando juega de visitantes, pero también son responsables los padres de los chicos que, lejos de aportar polémicas y discusiones, siguen y alientan a los chicos en forma incondicional. Esta comprobado que para formar un buen grupo humano es necesario que esté integrado por buenas personas, y estos chicos vienen de buena madera. Después se podrá jugar bien, regular o mal, se podrá ganar, empatar o perder, pero siempre ante todo buenas personas como individuo y como grupo.
Otra cosa destacable es el trabajo de Jorge Romero con los chicos, haciendo su enseñanza en forma pedagógica, predicando el buen juego pero también la amistad entre los chicos, y lo hizo aún ante las situaciones más adversas, cuando los resultados no se daban y aún no había prendido ese estilo exquisito de juego que enseñaba a los chicos. En la escuelita se desarrollaron valores como compañerismo y fraternidad, valores que busco y fomento para mi hijo.
Ah!!! Y no debo olvidarme de Marcelo Carrizo, que con sus consejos enrriquece el trabajo sobre los chicos. Ellos, con un enorme respeto bien ganado, lo escuchan.
En cuanto a mi hijo Tiago debo decir que supero mi capacidad de asombro. Con tenacidad fue a cada práctica, escuchó cada consejo, cada indicación para sumarlo a su juego y enriquecerlo. Se fue a probar de delantero (posición que venía desarrollando en el papi fútbol), el técnico le vio condiciones para jugar por el medio, pero las urgencias lo obligaron a ser un improvisado 6 que poco a poco fue ganando en aplomo y calidad. A él, mis amigos, no le gusta el puesto, le gusta más estar cerca del arco contrario. Sin embargo toda la experiencia ganada le servirá el próximo año si el técnico decide adelantarlo al medio.
Debo decir que la apuesta al cambio de mi hijo fue ganada con creces y verlo desarrollar la actividad con pasión y dedicación me llena de mucho orgullo.
Hoy es fácil seguir a un jugador, basta con encender alguna de las señales de deportes y podemos seguir el juego de Gotze, Dzeko, y tantos jugadores que no se ni como se escriben, y ni hablar de las megaestrellas extranjeras como Cristiano Ronaldo, Ibraimovich, Drogba, y miles de etcs. más.
Pero cuando era chico apenas escasos minutos en algún programa deportivo, por resúmenes, o bien la llegada de los mundiales de fútbol me resultaban suficientes para descubrir nuevas estrellas del baón. El Mundial 82, realizado en España, fue el primero que pude ver más detenidamente. Con los ojos de un niño de 9 años miraba los horrores de una guerra y el placer del fútbol.
Obviamente alentaba por Argentina que contaba con destacadísimos jugadores de la talla de Maradona, Kempes, Fillol, Passarella (ya le dedicaré una nota a este crápula), Ardiles y tantos más. Sin embargo fui descubriendo nuevos ídolos como Dassaev, tremendo arquero de la URSS, Rummenigge de Alemania Federal (para los más chicos les aclaro, por esos años Alemania estaba dividida en dos), Paolo Rossi, el afortunado goleador. Entre tantas figuras me llenaba de belleza futbolística la selección de Brasil, que en sus filas contaba con jugadorazos de la talla de Junior, Eder, Sócrates, Falcao (el original), Toninho Cerezo... Y además mi homenajeado en esta nota, Zico.
Los detallistas dirán que su verdadero nombre era Arthur Antunes Coimbra, jugador del Flamengo de Rio de Janeiro, conocido como el "Pele Blanco" o "El Galinho de Quintino". Un jugador exquisito, tenía gambeta en velocidad, muy buena pegada, ajustados pases, muy buen juego de equipo, un jugador completo, atrevido y ofensivo. Tenía el arco entre cejas... y si podía gambetear medio equipo mejor.
Debutó en Flamengo en 1972, club en el que jugó en forma exclusiva en Brasil. Además de ganar los torneos estaduales y nacionales, ganó la Copa Libertadores (antes no se llamaba Toyota, ni Santander, ni Juan Pelotas...) y la Copa Intercontinental de 1981.
En 1983 pasó al fútbol italiano, más precisamente al Udinese, donde jugó las temporadas 83/84 y 84/85, teniendo en su primera temporada sus mejores scores. A mediados del 85 volvió al club de sus amores, el Flamengo, pero los años y las lesiones hicieron mella en este talentosísimo jugador, evitando así verlo en su máximo esplendor. En el año 1991 jugó en la incipiente liga japonesa, en el Kashima Antlers con buenos resultados. En su selección, en cambio, perteneció a una camada de excelentes jugadores que, sin embargo, no consiguieron ningún logro, toda una pena.
Para las estadísticas podemos decir que jugó 689 partidos, convirtió 474 goles, ganó 4 campeonatos nacionales, 7 estatales, 1 Copa Libertadores y 1 Copa Intercontinental, fue distinguido como el mejor jugador sudamericano varias veces y el mejor jugador mundial una vez. Pero, para mi, el mayor logro fue llenarme mis ojitos de niño con el más maravilloso fútbol.
Quiero empezar aclarando algo. Soy hincha de River, argentino y periodista deportivo frustrado. Desde este espacio busco que se escuche mi voz, esa voz de muchos hinchas, aficionados, o como carajo les digan en vuestros países de orígenes, que no se los escuchan, que tan solo sirven como dato anecdótico o estadístico. Amo el fútbol, lo jugué, soy espectador y crítico, soy jugador, técnico y presidente de un club (en sentido figurado).
Crecí viendo jugadores de la talla de Fillol, Maradona, Francescoli, Ortega, el "Chino" Tapia; buscando desesperado sumergirme en la lectura de "El Gráfico" y soñar con tener mi propia pelota "Tango" de Adidas.
Ese deporte que amo se fue transformando en algo feo, los negocios y los intereses económicos son más importantes que el juego propiamente dicho y sus protagonistas, aquellos que lo hicieron, lo hacen y lo harán grande; los jugadores.
Hoy vemos ignotos e inescrupulosos dirigentes de poca monta desmereciendo ídolos de instituciones legendarias, partidos con estadios vacíos pero televisados en directo, delincuentes disfrazados de hinchas o aficionados llamados barras bravas manejando los destinos del club. En mi país, por ejemplo, voy a verlo a River, luego de superar tres cordones policiales que te palpan de armas como si fueras a ingresar a la cárcel de Sierra Chica, hago la fila para comprar mi tickets o entrada, y luego tengo que hacer malabares para ver el partido porque una bandera gigante me obstaculiza la visión. Y para colmo hay periodistas que justifican estas banderas para defender "la tradición y los colores". ¡¡¡¡Por qué no se fijan si hace 20 años había alguna bandera de esos tamaños!!!! ¡¡¡¡Claro!!!! Son los empleados de los grandes medios, que hacen dinero en base a que te quedes en tu casa y lo veas cómodo en tu sillón favorito, en desmedro del juego y el placer de ir a la cancha.
Si
estás leyendo esto y seguramente estarás tomando temperatura. Pero tranquilo, calma, prendé un cigarrillo y hablemos de fútbol. Te voy a contar como lo ví antes y como lo veo hoy, mis ídolos y sus historias, curiosidades, anécdotas de hincha/aficionado, etc. En este blog voy a hacer una nota de justicia, se lo quiero dedicar a mi viejo, un gran analizador del juego, que le está dando pelea a una dura enfermedad. El me supo transmitir la pasión por el juego, el amor a los colores del club, pero también a disfrutar la belleza del juego del rival. Lo voy a invitar a mi hermano Dee Dee, otro enfermo del juego, a que me haga aportes para enriquecer el blog con sus opiniones.
No los quiero aburrir más, vamos a hablar de fútbol.
By DOTE